Medio Oriente, tasas y Nvidia: tres focos que dominan la agenda global de mercados
Petrolero, deuda y chips marcan la semana: conflicto en Ormuz, tensión en bonos globales y la influencia de Nvidia en Wall Street.
La reapertura parcial de la agenda internacional volvió a centrarse en el estrecho de Ormuz, donde el paso de buques seguía restringido y el precio del petróleo volvió a situarse por encima de 110 dólares por barril. La fragilidad del alto el fuego y los ataques con drones contra infraestructuras en los Emiratos Árabes Unidos tensionaron los suministros, y la Agencia Internacional de la Energía advirtió sobre riesgos de desabastecimiento si el bloqueo persistía. Los operadores respondieron comprando crudo y buscando refugio en materias primas, lo que se reflejó en alzas de los combustibles y en presiones adicionales sobre las cadenas de suministro. Para economías importadoras, la suba del petróleo supone mayor presión sobre la inflación y se convirtió en otro factor que condiciona decisiones de política monetaria en los próximos meses.
Los mercados de renta fija dieron señales de alerta cuando los rendimientos de los bonos soberanos de Estados Unidos y la eurozona subieron con fuerza y endurecieron las condiciones financieras globales. La reciente venta en activos de mayor riesgo siguió a datos macro que mostraron inflación rebotando en economías clave y a mensajes más duros de bancos centrales. Los inversores ajustaron carteras, redujeron duración y aumentaron posiciones en activos considerados más defensivos, lo que complicó el financiamiento de gobiernos y empresas emergentes. Ese movimiento reavivó el debate sobre cuánto margen tendrán los bancos centrales para recortar tasas durante el año y puso en tela de juicio calendarios de alivio monetario previstos por algunos mercados.
En la plaza de valores, Nvidia siguió siendo el centro de atención por su papel en la carrera global por la inteligencia artificial y por la fuerte dependencia de los mercados a sus resultados y guías. La cotización de la empresa marcó volatilidad que arrastró a otras tecnológicas y a activos vinculados a la demanda de chips. Analistas señalaron que, aunque la demanda de aceleradores de IA continuó sólida, la combinación de riesgos geopolíticos y condiciones financieras más duras podía moderar inversiones corporativas en el corto plazo. Para los fondos que ponderan exposición a semiconductores, la empresa detalló en comunicaciones recientes planes de expansión y acuerdos destinados a asegurar capacidad productiva, y esas explicaciones condicionaron expectativas y posiciones en el sector.
La conjunción de riesgos monetarios, geopolíticos y sectoriales dejó al mercado en un punto de inflexión. Las próximas semanas serán clave: si el estrecho de Ormuz se mantenía cerrado o sufría nuevos episodios, el petróleo podía sostener niveles que obligaran a revisar proyecciones de crecimiento global. En paralelo, si los rendimientos seguían subiendo, los costos de crédito presionarían a empresas con alto apalancamiento y a economías emergentes. Los ojos estarán puestos también en la próxima ronda de actas y declaraciones de bancos centrales, y en los reportes de ganancias tecnológicas que definirán el pulso de Wall Street.