¿Puede Chubut resignarse a mirar cómo crecen sus vecinos? La discusión que Béliz viene empujando
Opinión | Béliz salió del círculo sindical y abrió una discusión que incomoda a la política
Opinión | Alfredo Béliz amplió su agenda sindical hacia el desarrollo productivo y plantea una pregunta incómoda. Cuánto tiempo puede Chubut seguir mirando crecer a sus vecinos.
Antes de avanzar, vale ubicar al protagonista. Alfredo Béliz lleva años dentro del sector mercantil de Chubut y construyó buena parte de su representación desde el Sindicato de Empleados de Comercio, una organización con miles de afiliados, presencia territorial y una extensa estructura social, deportiva y de servicios. Buena parte de esas actividades también alcanza a vecinos no afiliados y, dentro de ese despliegue, merece una mención especial el trabajo de contención y acompañamiento que desarrollan con adolescentes.
La pregunta que ahora plantea es más incómoda. ¿Puede una provincia con petróleo, pesca, viento, puertos y recursos naturales acostumbrarse a observar cómo Neuquén y Río Negro avanzan más rápido? Béliz lo resumió con una frase sencilla. «No quiero ser furgón de cola».
Durante 2025 Beliz habló de defender puestos de trabajo frente a la caída del consumo, los salarios debilitados y las PyMEs bajo presión. Ahora empieza a agregar otra dimensión. Defender el empleo sirve, pero no alcanza si la estructura económica que debe generarlo no se renueva.
Ahí aparece su discusión sobre el salario patagónico. «Si el sueldo no llega a la quincena, el salario patagónico dejó de cumplir su función», sostuvo. Y la referencia a la quincena no es menor. Una parte considerable de los ingresos familiares se consume hoy entre alquiler, servicios, alimentos, transporte y deudas. El problema ya no es solamente cómo llegar a fin de mes, sino cuánto salario queda después de pagar lo indispensable.
Ese deterioro también cambia las expectativas. Un solo ingreso alcanza cada vez menos, muchas familias incorporan segundos trabajos o recurren al crédito para cubrir gastos corrientes. En ese contexto, hablar únicamente de recomposición salarial puede resultar insuficiente. Béliz intenta unir esa discusión con otra - quién invierte, quién produce y qué actividades pueden generar mejores empleos.
Durante décadas, Chubut administró recursos provenientes de sectores ya instalados. Regalías, petróleo, pesca, obra pública y empleo estatal ocuparon buena parte de la conversación política. La pregunta que empieza a faltar es qué actividades van a producir los recursos de los próximos veinte años.
Neuquén ofrece una comparación inevitable. Entre 2023 y 2025 informó crecimiento del empleo privado y la llegada de nuevas empresas. Además, Tecpetrol anunció una inversión de USD 6.400 millones en Los Toldos II Este, con más de 3.100 trabajadores previstos durante el pico de construcción. Chubut no tiene Vaca Muerta y nadie puede pretender copiar ese modelo, pero utilizar esa diferencia para explicar todo también sería demasiado cómodo.
El gobernador neuquino Rolando Figueroa insiste en que tener recursos no alcanza si alrededor no existen infraestructura, proveedores, inversión y condiciones para producir. Y ahí Chubut encuentra una dificultad mucho más cercana. El comerciante pequeño todavía debe absorber altos costos de luz, gas, impuestos y alquiler antes de pensar en contratar, ampliar o invertir. Cuando una inversión se posterga indefinidamente, muchas veces el proyecto termina convertido en un candado sobre la persiana.
También existieron anuncios importantes durante la gestión provincial, y no voy a negarlo. Entre ellos, la recuperación del Astillero de Comodoro Rivadavia y un proyecto de casi USD 680 millones de Pan American Energy para recuperación terciaria en Cerro Dragón. Pero una cosa es anunciar una inversión y otra medir cuánto empleo, actividad y dinero termina circulando realmente en la provincia. Los más de 300 puestos proyectados para el astillero todavía dependen de su funcionamiento pleno, mientras que el impacto concreto del proyecto de PAE aún no puede evaluarse. Y mientras esos resultados no lleguen a la vida cotidiana, volvemos al mismo punto - la bicicleta de la supervivencia económica.
Ese espacio entre anuncio y resultado es donde Béliz encuentra terreno para discutir. «Por ejemplo, el RIGI, no llegó un puesto de trabajo, no llegó una empresa a través de esos emprendimientos que tienen muchos beneficios», cuestionó. La frase admite discusión, pero conserva una idea válida. Millones de dólares anunciados todavía no son salarios depositados, comercios vendiendo ni familias recuperando capacidad de ahorro.
Entre una inversión y una economía transformada existen proveedores locales, > capacitación, > infraestructura, > viviendas, > servicios, > logística y > consumo. Si esa cadena no se construye, el número puede ser enorme y, sin embargo, sentirse extremadamente lejano en la calle.
En síntesis, Béliz viene empujando una discusión que excede al sindicalismo. Cuánto tiempo puede esperar una sociedad para comenzar a sentir que progresa. La gente no piensa en 2035 cuando mañana necesita comprar una medicación, pagar el alquiler o mantener al día la cuota del auto o del terreno.
Cuando una sociedad deja de proyectar para concentrarse exclusivamente en sobrevivir, el problema deja de ser solamente económico. El estancamiento se transforma en hartazgo y el hartazgo, tarde o temprano, empieza a interpelar a quienes conducen.
