Canadá respondió a los aranceles de Trump y profundizó la disputa comercial con Estados Unidos
Ottawa respondió con gravámenes selectivos y asistencia a sectores afectados, mientras crece el riesgo para cadenas productivas integradas de América del Norte.
Canadá decidió responder con nuevos aranceles a Estados Unidos tras el fracaso de las negociaciones comerciales y la entrada en vigor, el 22 de agosto, de gravámenes estadounidenses del 50% sobre productos canadienses por 27.600 millones de dólares canadienses. El gobierno del primer ministro Mark Carney anunció una represalia equivalente en valor y tasa, con recargos de entre 15% y 50% sobre más de 700 bienes procedentes del país vecino. Las medidas comenzarán a regir el 8 de septiembre e incluirán acero, aluminio, autopartes, madera, muebles, electrodomésticos, productos lácteos, pescado y herramientas. Ottawa presentó la decisión como una respuesta dirigida a sectores estratégicos, mientras busca limitar el impacto sobre consumidores y empresas locales.
La escalada comenzó luego de que las delegaciones suspendieran las conversaciones para alcanzar un acuerdo amplio. Antes del vencimiento del plazo, Washington otorgó una prórroga de tres días y Donald Trump aseguró que existía un entendimiento sujeto a la redacción final de los documentos. Sin embargo, las diferencias sobre automóviles, metales y otras industrias impidieron cerrar el pacto. Carney sostuvo que las condiciones estadounidenses amenazaban la continuidad de ramas centrales de la economía canadiense y afirmó que la relación bilateral ya no volvería al esquema anterior. Trump, por su parte, acusó repetidamente a Canadá de aprovecharse de Estados Unidos y reclamó que sus dirigentes aceptaran las exigencias de Washington.
El conflicto podría agravarse desde el 1 de enero de 2027, fecha elegida por Trump para aplicar aranceles del 50% a vehículos, camiones y autopartes fabricados en Canadá. La industria automotriz norteamericana funciona mediante cadenas de producción profundamente integradas: los componentes y materiales cruzan varias veces la frontera antes del ensamblaje final. Por eso, las barreras pueden elevar los costos tanto para las plantas canadienses como para las estadounidenses y trasladarse a los precios de los vehículos. Empresas del sector advirtieron que la incertidumbre comercial complica las decisiones de inversión. La Casa Blanca insiste en que los fabricantes pueden evitar los gravámenes si trasladan una mayor proporción de su producción a territorio estadounidense.
La respuesta canadiense también incluye programas de asistencia para trabajadores y compañías perjudicados, coordinación con las provincias y medidas para diversificar mercados. Ottawa dispone, además, de herramientas sensibles que todavía no utilizó plenamente. Canadá es un proveedor central de electricidad, petróleo, gas, aluminio y minerales críticos para Estados Unidos, por lo que eventuales restricciones podrían afectar a industrias y consumidores al sur de la frontera. Sin embargo, una represalia más amplia también tendría costos internos para los canadienses. El gobierno de Carney eligió inicialmente aranceles selectivos y dejó abierta la posibilidad de adoptar otras acciones si Washington profundiza su ofensiva. La estrategia combina presión económica, apoyo productivo y búsqueda de nuevos socios comerciales.
La disputa reavivó tensiones que comenzaron durante el primer mandato de Trump y continuaron durante la negociación del T-MEC, el acuerdo que reemplazó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente estadounidense vinculó la política comercial con la seguridad nacional y usó los aranceles como herramienta de negociación frente a aliados y adversarios. También cuestionó el gasto canadiense en defensa y comentó la posibilidad de convertir al país vecino en el estado número 51, expresiones rechazadas por dirigentes de distintos partidos en Canadá. Esa presión fortaleció el discurso de Carney sobre la soberanía económica y redujo, al menos por ahora, el margen político para aceptar un entendimiento percibido como desfavorable.
El calendario electoral estadounidense puede influir en los próximos pasos. Las elecciones legislativas de noviembre podrían modificar el equilibrio de fuerzas en el Congreso y aumentar la presión sobre la Casa Blanca, especialmente en estados industriales vinculados con las cadenas automotrices y metalúrgicas. A la vez, el plazo hasta enero para los aranceles sobre vehículos ofrece una ventana para reabrir las conversaciones. Canadá apuesta a demostrar que tiene capacidad de respuesta sin provocar una ruptura irreversible, mientras Estados Unidos intenta usar el tamaño de su mercado para obtener concesiones. El resultado excederá la relación entre ambos países: otros aliados observan si la estrategia canadiense puede convertirse en una referencia frente a futuras exigencias comerciales del gobierno de Trump.
