La reserva petrolera de EE.UU. cayó al nivel más bajo desde 1983 y Trump mira a Venezuela
El depósito de emergencia conserva cerca del 41% de su capacidad, tras las liberaciones realizadas por las crisis energéticas recientes.
La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos quedó en su menor nivel desde 1983, después de sucesivas liberaciones destinadas a contener el impacto de crisis internacionales sobre el abastecimiento y los precios. El Departamento de Energía informó que, al 20 de agosto, almacenaba 294,1 millones de barriles, cerca del 41% de una capacidad autorizada de 714 millones. La cifra oficial resultó incluso inferior a los 298,7 millones consignados en registros difundidos durante agosto. Donald Trump sostuvo que el depósito estaba “virtualmente vacío” y anunció que parte del petróleo obtenido mediante el nuevo acuerdo con Venezuela se destinará a recomponerlo. Sin embargo, el inventario todavía conserva cientos de millones de barriles y su recuperación dependerá de las compras, las entregas y la capacidad operativa.
La reserva nació después del embargo petrolero árabe de 1973 y 1974, que multiplicó el precio internacional del crudo, provocó escasez y generó largas filas en las estaciones de servicio estadounidenses. El Congreso formalizó su creación mediante la Ley de Política y Conservación Energética de 1975 y las primeras entregas comenzaron en 1977. Su objetivo central es amortiguar interrupciones graves del suministro, no reemplazar de manera permanente la producción nacional ni las existencias comerciales. El presidente puede ordenar ventas de emergencia bajo las condiciones previstas por la legislación, mientras que el secretario de Energía tiene facultades para autorizar intercambios limitados. A lo largo de su historia, Washington también utilizó parte del stock ante huracanes, guerras y alteraciones del mercado mundial.
El crudo está almacenado en cavernas excavadas dentro de formaciones salinas, distribuidas entre Bayou Choctaw y West Hackberry, en Luisiana, y Bryan Mound y Big Hill, en Texas. El sistema suma 61 cavernas según la actualización oficial de agosto y está conectado con refinerías, oleoductos y terminales marítimas de la costa del Golfo. Para extraer el petróleo, se bombea agua hacia el fondo de cada cavidad, lo que desplaza el crudo hasta la superficie. La sal tiene costos menores que los tanques convencionales y sella pequeñas grietas de manera natural. Bryan Mound concentraba 142,5 millones de barriles y era el establecimiento con mayor volumen, seguido por Big Hill, con 89,1 millones. West Hackberry almacenaba 30,5 millones y Bayou Choctaw, 32 millones.
La reducción actual se explica por los retiros acumulados durante distintas administraciones. En 2022, Joe Biden autorizó la liberación de 180 millones de barriles después de la invasión rusa de Ucrania, el mayor retiro ordenado en la historia de la reserva. El gobierno buscó aumentar la oferta y moderar los precios de los combustibles, que subieron por la alteración del comercio energético. Luego inició una reposición gradual, pero el proceso quedó interrumpido por la nueva crisis de Medio Oriente. El 11 de marzo de 2026, los 32 miembros de la Agencia Internacional de Energía acordaron volcar 400 millones de barriles de reservas de emergencia al mercado, la mayor acción coordinada del organismo. Estados Unidos aportó parte de ese volumen y su inventario volvió a caer con rapidez.
El acuerdo petrolero anunciado por Trump y el gobierno interino venezolano de Delcy Rodríguez abrió una posible vía de reabastecimiento, aunque su ejecución plantea interrogantes. La Casa Blanca informó que una empresa conjunta con la operadora venezolana NABEP recibirá derechos por 100 años sobre 17 campos que reunirían 65.000 millones de barriles de reservas probadas. El Pentágono tendrá una participación del 35% en la compañía y el Departamento de Estado podrá comprar al costo el 20% de la producción. Ese crudo podría destinarse a la reserva estratégica, las Fuerzas Armadas u otros usos sensibles. De todos modos, las reservas probadas permanecen bajo tierra y no equivalen a barriles disponibles de inmediato: requieren inversión, infraestructura, extracción, transporte y procesamiento antes de llegar a Estados Unidos.
La Casa Blanca presentó el entendimiento como una herramienta para reforzar la seguridad energética, pero especialistas citados por medios estadounidenses advirtieron que recuperar la producción venezolana demandará años. También persisten dudas sobre costos, plazos, control empresarial y condiciones legales. La reserva estadounidense alcanzó su máximo histórico el 27 de diciembre de 2009, con 726,6 millones de barriles. Desde entonces, atravesó ventas dispuestas por el Congreso, intercambios y liberaciones de emergencia, entre ellas las vinculadas con el huracán Katrina, la guerra de Libia y los conflictos de 2022 y 2026. Por lo tanto, el futuro abastecimiento con petróleo venezolano no resolverá de inmediato el bajo nivel: dependerá de que el acuerdo se concrete y de que los campos alcancen la producción proyectada.
