La sequía extrema en Europa dejó al descubierto barcos nazis, municiones y restos de mamut
La bajante del Danubio expuso restos arqueológicos y peligros bélicos mientras el calor extremo vuelve más frágiles los grandes ríos europeos.
La prolongada sequía que golpeó a Europa durante el verano de 2026 redujo el nivel del Danubio hasta registros que no se observaban desde hacía tres décadas y dejó al descubierto rastros de distintas etapas de la historia. En Prahovo, una localidad portuaria del este de Serbia, emergieron los cascos oxidados de buques militares alemanes hundidos durante la retirada nazi de los Balcanes, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Al menos 20 embarcaciones quedaron visibles en sectores donde el río perdió profundidad. Los restos no son solo una curiosidad histórica: estrecharon los canales disponibles para los barcos modernos y complicaron el tránsito comercial por una vía que conecta el centro de Europa con el mar Negro.
Los naufragios forman parte de una flota que las fuerzas alemanas hundieron de manera deliberada en 1944 para evitar que cayera en manos soviéticas. Algunos todavía conservan municiones y explosivos, un riesgo que obliga a extremar las precauciones durante cualquier operativo de remoción. La bajante redujo el caudal del Danubio en Serbia a cerca de un tercio del promedio habitual para julio, según datos difundidos por medios internacionales. Habitantes de Prahovo señalaron que las embarcaciones de mayor tamaño tuvieron serias dificultades para atravesar la zona. El problema afecta a una cuenca compartida por 19 países, donde viven alrededor de 79 millones de personas, de acuerdo con la Comisión Internacional para la Protección del Río Danubio.
El retroceso del agua también dejó al descubierto artefactos explosivos en Croacia, Hungría y Eslovaquia. La policía eslovaca retiró del Danubio una bomba británica de la Segunda Guerra Mundial y la destruyó mediante una detonación controlada. Los procedimientos incluyeron evacuaciones y restricciones preventivas para reducir los riesgos para la población. En Francia, los incendios forestales de las últimas semanas permitieron localizar más de 400 proyectiles y otras municiones cerca de Le Porge, una localidad próxima a Burdeos. Las autoridades investigaron si algunas explosiones escuchadas durante el avance del fuego, atribuidas inicialmente a garrafas o depósitos de gas, correspondieron en realidad a antiguos artefactos activados por las altas temperaturas.
La sequía también abrió una ventana hacia un pasado mucho más remoto. Cerca de Ryahovo, en el norte de Bulgaria, un poblador encontró grandes huesos sobre el lecho expuesto del Danubio y avisó al Museo Regional de Historia de Ruse. Los especialistas identificaron una mandíbula inferior, dos colmillos y una pieza que podría corresponder a una costilla de mamut. El director del museo, Nikolay Nenov, explicó que debían retirar los restos para determinar con precisión su origen y antigüedad. Los investigadores consideraron la hipótesis de que el lugar funcionó como una zona pantanosa donde el animal murió miles de años atrás, aunque los estudios posteriores deberán confirmar tanto la especie como la edad de las piezas.
En Reino Unido, el pasto quemado por el calor marcó sobre el terreno los contornos de antiguos edificios, monasterios medievales y jardines ornamentales del siglo XVII. Estas señales aparecen porque los muros, las zanjas y los cimientos enterrados modifican la humedad y el crecimiento de la vegetación. Los descubrimientos ofrecen información valiosa para los arqueólogos, pero surgieron como consecuencia de una crisis climática con efectos directos sobre el transporte, el abastecimiento de agua, la generación energética y los incendios. Copernicus, el servicio climático de la Unión Europea, indicó que Europa se calienta aproximadamente al doble de la velocidad del promedio mundial desde la década de 1980. La bajante de 2026 mostró al mismo tiempo capas ocultas de la historia y la creciente vulnerabilidad de los grandes ríos europeos.
