El Gobierno defendió el paso de Flávio Bolsonaro por Argentina y creció la tensión con Brasil
Santilli defendió los controles migratorios, mientras la Justicia preservó registros y creció la tensión diplomática con la administración de Lula da Silva.
El Gobierno nacional sostuvo que Flávio Bolsonaro ingresó y salió de la Argentina sin restricciones internacionales vigentes, luego de pasar por Puerto Iguazú junto con su esposa y sus dos hijas. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, afirmó que el excandidato presidencial brasileño presentó la documentación correspondiente y completó ambos trámites migratorios en regla. Los registros incorporados a una investigación abierta en Misiones indicaron que la familia cruzó desde Brasil el martes 27 de octubre por el puente internacional Tancredo Neves y partió poco después desde el aeropuerto de Cataratas del Iguazú. El vuelo privado hizo una escala en Guayaquil, Ecuador, antes de continuar hacia Miami, donde Bolsonaro y su familia arribaron al día siguiente.
El fiscal federal de Puerto Iguazú, Aníbal Fabián Martínez, pidió desestimar una denuncia por posibles irregularidades tras recibir informes de Migraciones e Interpol. Según el dictamen difundido por distintos medios, el dirigente brasileño utilizó documentación válida y no registraba alertas rojas, órdenes de captura internacional ni impedimentos en los sistemas consultados por las autoridades argentinas. Esa conclusión se limitó al control realizado en territorio nacional y no resolvió la controversia sobre la prohibición de salida que, según reportes periodísticos, pesaba sobre Bolsonaro en Brasil. La ausencia de una notificación internacional fue central para la posición oficial argentina, que rechazó que sus organismos estuvieran obligados a detenerlo durante su breve permanencia en Misiones.
La controversia judicial continuó en Buenos Aires. La jueza federal María Eugenia Capuchetti ordenó preservar las imágenes de las cámaras instaladas en el puente internacional, el aeropuerto y las dependencias migratorias por las que pasó la comitiva. La medida buscó evitar la pérdida de registros mientras la fiscalía analiza si existió algún procedimiento irregular o una intervención indebida de funcionarios argentinos. El episodio también quedó bajo presión política por la presencia en Puerto Iguazú del asesor presidencial Santiago Caputo y por versiones sobre una escolta de la Policía de Seguridad Aeroportuaria hasta la terminal aérea. El Gobierno defendió la legalidad de los controles, pero no dio una explicación detallada sobre la logística desplegada durante el traslado.
El manejo de la información oficial sumó dudas. Migraciones informó inicialmente que no registraba el ingreso de Bolsonaro, mientras durante las primeras horas circulaban versiones sobre su presencia en el país. Más tarde, confirmó que el dirigente y su familia cruzaron la frontera durante la noche del 27 de octubre. La secuencia motivó pedidos de informes y planteos opositores para que el canciller Pablo Quirno explique ante el Congreso qué conocimiento tuvo el Ejecutivo sobre el operativo. La preservación de las cámaras permitirá reconstruir horarios, vehículos utilizados y la participación de agentes estatales. Hasta el momento, la fiscalía misionera no encontró delitos en los trámites migratorios, aunque la causa que tramita ante Capuchetti mantiene abierta la revisión sobre la actuación de las dependencias nacionales.
El caso agregó presión al vínculo entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva, marcado desde hace tiempo por diferencias ideológicas y cruces públicos. El presidente brasileño evitó acusar formalmente a la Casa Rosada por la salida de Bolsonaro, pero envió una señal política al responder un saludo de Mauricio Macri: recordó con nostalgia una etapa en la que las diferencias entre ambos países se discutían y resolvían de forma civilizada y republicana. Milei, por su parte, no felicitó públicamente a Lula por su reelección ni se pronunció sobre el traslado del candidato derrotado. Ambos mandatarios podrían coincidir el 14 y 15 de diciembre en la cumbre del G20 prevista en Miami, con la investigación argentina y el reclamo brasileño por el comportamiento de su excandidato presidencial como trasfondo.
