Radiografía del empleo: la mayoría de los nuevos ocupados necesita más horas para llegar a fin de mes
Un informe del Monitor Sociolaboral muestra que la pérdida de empleo formal entre 2025 y 2026 empujó la informalidad y la subocupación.
Un diagnóstico reciente del mercado laboral argentino describió una transformación que combinó más empleo con peor calidad del trabajo.
El Monitor Sociolaboral del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) de la Universidad de San Martín registró que más del 90% de los nuevos ocupados necesitaron trabajar más horas para aumentar sus ingresos, pero en muchos casos no lograron hacerlo por la naturaleza de sus puestos o por la caída del consumo. Ese fenómeno apareció con fuerza entre comienzos de 2025 y el primer trimestre de 2026, período en el que el empleo formal se redujo mientras crecieron modalidades precarias. El informe también apuntó a la dificultad de combinar jornadas extras con tareas informales y a la presión sobre los salarios reales, lo que obligó a muchas familias a buscar alternativas de ingreso sin cobertura social.
La caída del empleo registrado fue más marcada en sectores con fuerte dependencia de la obra pública y la inversión privada, como la construcción, y en ramas industriales que sufrieron recortes. Datos compilados por análisis sobre registros laborales mostraron miles de puestos formales menos desde fines de 2023 hasta 2026, y un aumento paralelo de monotributistas y cuentapropistas sin cobertura social. El traslado de trabajadores desde el empleo en blanco hacia la informalidad elevó la tasa de subocupación: quienes trabajan pocas horas o no consiguen ampliar su facturación afrontaron ingresos insuficientes para sostener los hogares y vieron reducida su protección previsional y sanitaria.
La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC y los informes técnicos del primer trimestre de 2026 mostraron que la tasa de actividad y la tasa de empleo se mantuvieron estables, mientras que la desocupación no registró saltos abruptos. Esa estabilidad superficial obedeció en parte a la mayor participación laboral: más gente salió a buscar trabajo o aceptó ocupaciones informales para generar ingresos. La EPH también señaló que una proporción relevante de ocupados estaba dispuesta a trabajar más horas, lo que dejó en evidencia la persistencia de la subutilización del trabajo y la necesidad de recomponer salarios reales para mejorar la capacidad de consumo de los hogares.
El informe del Monitor Sociolaboral analizó por provincia y advirtió que la dinámica no fue homogénea: en algunas jurisdicciones la pérdida de empleo formal fue acotada; en otras, vinculadas a la producción hidrocarburífera o a la actividad industrial, el repliegue aceleró la informalidad. Los autores explicaron que, en un contexto de consumo retraído, los trabajadores independientes no lograron aumentar ventas ni horas, y los asalariados no accedieron a ampliaciones de jornada. Esa combinación generó mayor precariedad y redujo la protección social efectiva de los hogares que, aun ocupados, vieron caer su poder adquisitivo y enfrentaron mayor vulnerabilidad frente a shocks económicos locales.
La radiografía laboral que emergió en los últimos meses ofreció señales claras para la política pública. Para recomponer ingresos y frenar la expansión de empleos precarios, especialistas propusieron medidas que favorezcan la formalización, incentiven proyectos productivos locales y fortalezcan redes de protección social para trabajadores fuera del registro. Al mismo tiempo, el diagnóstico sugirió la necesidad de un monitoreo territorial fino: la pérdida de empleos formales y el avance del subempleo afectaron de modo distinto a cada provincia y sector. Las próximas estadísticas oficiales y los informes académicos servirán para ajustar respuestas y priorizar intervenciones en las zonas y actividades más golpeadas.