Estados Unidos se prepara para una inflación más volátil pese al alivio del último dato
La baja moderada del PCE no disipó las dudas: combustibles caros, tasas elevadas y expectativas débiles tensionan a hogares y empresas.
La inflación estadounidense mostró en agosto una moderación menor a la esperada, pero el dato no disipó la preocupación entre consumidores, empresas e inversores. El índice de precios de gastos de consumo personal, la medición preferida por la Reserva Federal, subió 3,4% interanual y 0,3% frente a julio, según informó el Departamento de Comercio. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía por su volatilidad, avanzó 3% anual y 0,2% mensual. Las cifras quedaron por debajo de las previsiones del mercado, aunque continuaron lejos de la meta del 2% que sostiene la autoridad monetaria. Esa combinación alimentó un escenario cambiante, con avances y retrocesos mensuales que dificultan anticipar la trayectoria de los precios y las próximas decisiones sobre las tasas.
El alivio inicial tampoco alcanzó para modificar el diagnóstico de fondo. Los precios todavía crecen por encima del objetivo de la Reserva Federal y los aumentos mensuales indican que el regreso al 2% podría demandar más tiempo. El banco central subió su tasa de referencia en septiembre, por primera vez en tres años, hasta aproximadamente 3,9%, y dejó abierta la posibilidad de otro ajuste antes de finalizar 2026. Las tasas más altas encarecen los créditos hipotecarios, los préstamos para automóviles, las tarjetas y el financiamiento corporativo. Para los mercados, el desafío es calcular cuánto endurecimiento monetario puede soportar una economía que mantiene un crecimiento firme, pero en la que el costo de vida y el endeudamiento deterioran las expectativas de los hogares y las pequeñas compañías.
El ánimo de los consumidores reflejó esa tensión. El índice de confianza de The Conference Board cayó 6,7 puntos en septiembre, hasta 81,9, su menor nivel desde abril de 2014. La evaluación de las condiciones actuales bajó a 109,3, mientras que las expectativas sobre ingresos, empleo y actividad descendieron a 63,6. La Universidad de Michigan también registró un deterioro: su índice de sentimiento retrocedió a 48,1 y quedó 15% por debajo de enero. El 55% de los encuestados mencionó los precios elevados como un factor negativo para sus finanzas personales. También crecieron las referencias espontáneas al costo de la nafta, los aranceles comerciales y las tasas, tres elementos que pueden trasladarse al consumo durante los próximos meses.
Las empresas enfrentan un panorama similar. La Reserva Federal de Atlanta calculó que las compañías consultadas esperaban un crecimiento de 2,4% en sus costos unitarios durante los siguientes doce meses, mientras que el aumento efectivamente registrado en el último año llegó a 2,6%. Otra encuesta elaborada por las reservas federales de Atlanta y Richmond junto con la Universidad de Duke mostró que los responsables financieros proyectaban elevar sus precios 5,3% en 2026 y 4,5% en 2027. Alrededor de una quinta parte de las firmas pequeñas señaló que las restricciones crediticias frenaban planes de expansión o complicaban la cobertura de gastos. El encarecimiento del dinero también llevó a más empresas a preservar efectivo y revisar las inversiones previstas para el próximo semestre.
Wall Street recibió el dato de inflación con subas iniciales ante la posibilidad de que la Reserva Federal postergue un nuevo incremento de tasas, pero el optimismo perdió fuerza durante la jornada. Los rendimientos de los bonos del Tesoro continuaron elevados y el petróleo agregó presión sobre las previsiones de costos. Ese comportamiento resume el problema que enfrentan los inversores: un indicador mejor que el previsto puede impulsar acciones y bonos durante algunas horas, aunque cualquier repunte energético, comercial o salarial vuelve a instalar el temor inflacionario. La economía estadounidense conserva actividad y consumo, pero la combinación de combustibles caros, financiamiento restrictivo y expectativas deterioradas anticipa movimientos bruscos. Consumidores, empresarios y mercados deberán convivir con datos contradictorios y decisiones monetarias difíciles de proyectar.
