Panamá declaró la emergencia tras el terremoto de 7,7 que dejó graves destrozos
El sismo dañó viviendas, escuelas, templos y hoteles, mientras continuaban las réplicas y las inspecciones oficiales en todo el país.
El gobierno de Panamá declaró este sábado el estado de emergencia tras el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el país el viernes 9 de octubre y provocó derrumbes, cortes de servicios y evacuaciones. El Servicio Geológico de Estados Unidos ubicó el epicentro 12 kilómetros al oeste-suroeste de Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera, y calculó una profundidad de 12,6 kilómetros. El movimiento ocurrió a las 12:56, hora local, y se sintió en todo el territorio panameño y en sectores de Colombia. Las autoridades no atribuyeron muertes al desastre, aunque Protección Civil informó que al menos 27 personas sufrieron heridas leves o moderadas.
Las imágenes tomadas en Penonomé, cabecera de la provincia de Coclé, mostraron algunos de los daños más graves: edificios parcialmente derrumbados, vehículos aplastados por escombros y estructuras religiosas con paredes agrietadas. Parte del hotel Dos Continentes cayó sobre automóviles estacionados, mientras que la Catedral San Juan Bautista sufrió el colapso de una torre y otras averías. También resultaron afectados el edificio de la gobernación y comercios cercanos. En la localidad de La Villa de Los Santos se derrumbó la iglesia de San Atanasio, declarada patrimonio histórico nacional en 1938. Las autoridades restringieron el ingreso a los inmuebles comprometidos ante el riesgo de nuevos desprendimientos.
El balance oficial preliminar indicó daños en las diez provincias de Panamá y dos territorios indígenas. Protección Civil contabilizó alrededor de 420 viviendas y una cantidad similar de escuelas afectadas, además de siete hoteles, al menos 13 iglesias y nueve puentes. Veraguas, Herrera, Coclé y Los Santos concentraron las mayores consecuencias materiales. Las inspecciones también detectaron grietas profundas en rutas y deslizamientos que aislaron temporalmente a algunas comunidades. En Penonomé se habilitó un refugio para 13 personas, entre ellas cinco chicos, mientras numerosas familias permanecieron fuera de sus casas durante la noche por temor a derrumbes. Equipos técnicos continuaban con la evaluación de edificios públicos, hospitales y redes de servicios.
La primera sacudida fue seguida por otro terremoto de magnitud 6,6 y más de un centenar de réplicas, según los registros difundidos este sábado. Entre los movimientos posteriores hubo eventos de magnitudes 5,8, 5,5 y 5,2, que se sintieron con claridad en poblaciones cercanas al epicentro. El presidente José Raúl Mulino recorrió los sectores afectados y pidió mantener la calma mientras avanzaban las tareas de emergencia. Las autoridades también evacuaron a unas 300 personas en Isla Caña, sobre la costa del Pacífico, debido al aumento del nivel del mar y al fuerte oleaje. Las advertencias de tsunami emitidas para varios países de la región fueron levantadas horas después.
El terremoto alteró durante varias horas el funcionamiento del aeropuerto internacional de Tocumen, que suspendió sus operaciones y luego reabrió, aunque quedaron pasajeros varados por demoras y cancelaciones. Una planta potabilizadora que abastece a la capital trabajaba este sábado al 20 por ciento de su capacidad y seis hospitales instalaron carpas con camas para ampliar la atención. El Canal de Panamá mantuvo sus operaciones normales, mientras equipos especializados inspeccionaban instalaciones, esclusas y áreas de trabajo. También se reportaron interrupciones eléctricas en seis provincias durante las primeras horas posteriores al movimiento. Estados Unidos anunció el envío de especialistas para colaborar con las evaluaciones y comprometió cinco millones de dólares para asistencia humanitaria.
Panamá se encuentra en una región de intensa actividad sísmica por la interacción de las placas de Cocos, Nazca y el Caribe. Especialistas panameños asociaron el terremoto con el sistema de fallas de Azuero-Soná y explicaron que las ondas recorrieron todo el territorio nacional. El antecedente más grave para el país ocurrió en abril de 1991, cuando un sismo de magnitud 7,4 causó 23 muertes y 559 heridos, con epicentro en Costa Rica y daños extendidos en Bocas del Toro. Mientras continúan las réplicas, el gobierno mantiene como prioridades la búsqueda de personas aisladas, la revisión de estructuras inestables y la asistencia a quienes no pueden regresar a sus viviendas.
