Cayeron más de 31.000 empleadores formales durante el gobierno de Milei: las razones detrás del retroceso
Los registros muestran menos empleadores formales, mientras agro, energía y finanzas avanzan y la industria, el comercio y el empleo retroceden.
La cantidad de empleadores con personal registrado cayó con fuerza desde noviembre de 2023 y expuso el costado más débil de la recuperación económica argentina. Un informe del Centro de Economía Política Argentina, elaborado con estadísticas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, calculó una reducción neta de 31.342 empleadores hasta junio de 2026. El registro pasó de 512.357 a 481.015 unidades, una baja del 6,1%, equivalente a 33 casos diarios. El comercio perdió 8.758 empleadores y encabezó la caída en términos absolutos. La contracción se concentró casi por completo en firmas con hasta 500 trabajadores, aunque el retroceso no afectó solo a pequeños negocios: las compañías grandes explicaron buena parte de la pérdida de puestos registrados.
El dato requiere una precisión central: la estadística de la SRT no mide directamente cierres definitivos de empresas, sino empleadores con al menos una persona en su nómina y cobertura vigente mediante una ART o un sistema de autoseguro. El propio organismo aclaró que una baja también puede responder a rescisiones de contratos, períodos sin trabajadores declarados, fusiones o cuestiones administrativas. Por eso, presentar los 31.342 casos como compañías efectivamente cerradas puede sobredimensionar el fenómeno. Aun con esa salvedad, el descenso muestra una fuerte reducción del universo empresarial con empleo formal. Cerca del 70% de la caída correspondió a empleadores que tenían una o dos personas registradas, un segmento especialmente expuesto a la baja del consumo, las tarifas y los costos financieros.
La explicación combina varios factores. La pérdida de poder adquisitivo limitó las ventas de comercios, industrias y servicios orientados al mercado interno, mientras que la eliminación de subsidios elevó el costo de la energía y otros gastos operativos. La apertura comercial también aumentó la competencia de productos importados, mientras numerosas fábricas locales enfrentaron presión tributaria, dificultades de financiamiento y costos internos elevados. La Unión Industrial Argentina advirtió sobre retrocesos en el empleo y el desempeño fabril, y pidió medidas para sostener la demanda y mejorar la competitividad. Su centro de estudios describió un escenario de estancamiento industrial desde mediados de 2025. Los datos del Indec profundizaron esa preocupación: la producción manufacturera registró en julio de 2026 una caída interanual del 5%.
El deterioro empresarial convivió con una economía que creció frente al año anterior, aunque perdió impulso durante 2026. El producto interno bruto aumentó 2% interanual en el segundo trimestre, pero bajó 0,6% frente a los tres meses previos. El primer semestre cerró con una expansión cercana al 2,2% interanual. La recuperación tampoco fue pareja. El Banco Central señaló que el agro, la energía vinculada al petróleo y el gas, la minería y la intermediación financiera estuvieron entre los sectores más dinámicos. En cambio, la industria y el comercio registraron caídas interanuales. Julio sumó otra señal de enfriamiento: el estimador mensual de actividad retrocedió 1,4% interanual y acumuló una baja del 2,7% entre enero y julio.
La fractura también apareció en el mercado laboral. CEPA estimó que entre noviembre de 2023 y junio de 2026 se perdieron 434.126 puestos registrados en unidades productivas, una disminución del 4,4%. La industria manufacturera encabezó la baja en cantidad de trabajadores, con 105.136 empleos menos, mientras que la construcción sufrió el mayor retroceso proporcional, del 17%. Las estadísticas oficiales contabilizaron 12,757 millones de trabajadores registrados en junio de 2026, con una baja mensual del 0,1%, y 6,09 millones de asalariados privados. La desocupación llegó al 7,9% durante el segundo trimestre. A la vez, el Indec ubicó la pobreza en el 32,3% de las personas durante el primer semestre, un nivel inferior al inicio de la gestión, pero todavía extendido.
El escenario muestra una economía con ganadores concentrados en actividades exportadoras y sectores intensivos en capital, mientras las ramas que generan una porción amplia del empleo enfrentan mayores dificultades. El Gobierno sostiene que la estabilidad fiscal, la baja de la inflación y la apertura permitirán reasignar recursos hacia empresas más competitivas. Sus críticos plantean que el proceso avanza sin condiciones parejas frente a productores extranjeros y con un costo elevado sobre el trabajo formal. La discusión no pasa solo por determinar cuántas firmas cerraron, sino por evaluar qué tipo de estructura productiva queda en pie. El crecimiento agregado puede convivir con menos empleadores, menor ocupación registrada y una expansión desigual si los motores de actividad no alcanzan a los comercios, las fábricas y las pequeñas empresas vinculadas al consumo interno.
